jueves, 2 de enero de 2014

Del corte

Hoy, para darle un sorpresa a mi polola, me fuí a cortar el pelo.
Hace algún tiempo pillé una peluquería cerca de la casa, en que casi con sólo describirle lo que quería consiguió hacer el corte, logrando el efecto deseado.
Una barba poderosa no puede ir con cualquier cosa sobre la cabeza, sino la pinta de Antares de la Luz no te la saca nadie.
Sin embargo, la peluquería estaba cerrada.

Por tanto busqué otra que estuviera abierta, una de barrio. Creo que pagar 14 mil pesos por el mismo corte que te cobran 3 lucas es un exceso. Porque digámoslo, el corte de hombre tiene BIEN poca ciencia.
Son como 3 plantillas y seria. Basta tener la máquina, las tijeras de corte, las tijeras de entresacado y chao.

Así que filo, pillé una peluquería... entro y pregunto por corte de hombre.
Me contestan "Tengo mala la máquina, vaya al frente y pregunte por Eduardo".
Y me percato que al frente hay una tremenda peluquería que ni siquiera había mirado.

Entro y hay trabajando dos viejos. Me siento a esperar.
Veo como le están cortando el pelo a un huevón, y no me gusta mucho como se veía el corte... sin embargo, siguiendo la misma lógica de "Esto no tiene ninguna complicación", pensé "él debe quererlo así".

Mi turno, me siento, le pregunto el nombre al peluquero.
Le explico que quiero y le muestro una foto. Bastante específico lo que quiero. Con máquina a los lados, y arriba mantener el largo de la forma explicada, cuadrado. Hice una larga investigación para tener el peinado exacto.

Empieza a cortar, y mientras está pasando la máquina, bien.
Pero cuando empieza a hacer el corte con tijera yo digo "Esta weá anda mal".
Cuando finalmente me dice "Está listo", veo que me hizo un corte absolutamente distinto a la weá que pedí.
Me dice "No se podía más corto porque se le empieza a parar".
A lo que contesto: "Pero si esto NO ES lo que le pedí, ¿qué más corto?".

Le pago y me voy.
Fumando y con el sentimiento horrible de frustración de no tener el corte que esperaba, y que no voy a poder tener el look que quería tener en mi cumpleaños.

Llego a la casa, me baño...
intento ponerle gel al asunto a ver si mejora un poco.
Nada... inmanejable, el gel no hace absolutamente nada.

Que rabia más grande.
Cada vez me empiezo a emputecer más y más.
Pienso en que le quería dar la sorpresa del corte a mi polola y ahora voy a llegar con esta weá de peinado.
Así que después de darme vueltas como tigre enjaulado, digo "No, voy a exigir que me devuelvan la plata".

Cuando el peluquero me entrego la boleta, me la entregó doblada, y eso me llamo la atención.
La abro, y tiene fecha 30 de Diciembre.
La hice, si no me devuelven la plata, los amenazo con impuestos internos.

Caminé, tirando humo... literalmente, ya que prendí otro cigarro.
Llego allá, entro, y el otro peluquero está sentado. Me mira con cara de "mhhh, mala cosa".
Me quedo parado, mirando al peluquero que está de pie porque está empezando a atender a otra persona.
"Estoy indignado", le digo "Quiero mi plata de vuelta.."

Y antes de poder seguir hablando me dice "Ningún problema", con cierta voz de molestia, pero con diligencia abre el cajón, toma el billete y me lo extiende. Le paso la boleta.

No tuvo la reacción que esperaba.
Toda mi agresividad y frustración estaba puesta en lo que iba a decirle.
Pero que se mostrara tan abierto a devolverme la plata, me cagó.

Por lo que terminé pidiéndole disculpas.
"Lo siento... pero no es lo que pedí, era algo bien específico e hizo otra cosa".

"No, es que con su pelo habría que haberlo planchado primero".
¿Qué huevada está hablando?... hizo otra weá no más, no tiene para qué dar excusas huevonas.

Nos damos la mano, y me voy.
Obviamente para nunca volver a esa peluquería.
Que en el fondo es el contrato implícito de que me devuelva la plata.

No recuperé mi pelo, pero al menos sí mi dinero.
Tendré que esperar al menos unos 6 meses para alcanzar el largo que necesito para el peinado que quería.
Ni idea de si me interesará tenerlo cuando llegue ese momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario