lunes, 7 de enero de 2013

Hombre de palabra

He llegado a pensar que enfermamos de palabras. Hace algunos días leía unos ensayos de Bataille, y en ellos aparecía la idea de que la muerte es algo impensable, es algo que no puede ser puesto en palabras, y por ende diferencia la palabra de la experiencia. 

La muerte sólo puede ser experimentada (irónico sería decir que sólo puede ser vivida), y esto no está lejos de la idea lacaniana de la "Irrupción del real". Sin embargo, lo que se me hace central en este asunto es que en general creo que las sintomatologías tienen que ver con palabras. Las crisis de pánico no son horrores sin nombre, sino palabras tales como: Muerte, locura, enfermedad. Misma cosa los pensamientos obsesivos, y los hipocondriacos (que conozco bien). 

Hace algunos días, le vi los brazos a una amiga de mi polola y le pregunté si se cortaba. A lo que contestó que sí, y se cubrió los brazos. A lo que yo le contesté "qué bakán". Recién ayer me llegaron las represalias, de que cómo era posible que le dijera eso si luchó tantos años contra ese tema. Sin embargo, sigo considerándolo notable, porque creo que la experiencia de cortarse supera el mundo de las palabras, pasa al mundo de la experiencia corporal. Por eso, probablemente las palabras tengan bastante poco que hacer en ese ámbito, pero el tema me causa curiosidad. No creo que la curiosidad sea morbo, si parte de la escuela de Milán derivó en que lo central de la terapia no era la neutralidad, sino la curiosidad. 

Hoy en la mañana, en la micro a mi casa me encontré con un compañero, a quién le conté que el día que conocí a mi actual polola le dije que la acompañaba a San Pedro de Atacama, seguido de "Soy un hombre de palabra". Su respuesta fue iluminadora: "A menos que las palabras pierdan su peso". 

Lo cuál me hace pensar en la siguiente imagen:




Para mi en general ha sido un problema en mi vida el hecho de que las palabras no pierden su peso. Lamentablemente exijo consecuencia entre las palabras y los actos, pero para otros parece ser increíblemente fácil desdecirse de sus decisiones.

Y para mi se vuelve un problema el hecho que debo cumplir lo que prometo, y no puedo hacerme el huevón, y por otro lado mi incapacidad para mentir. ¿Es una promesa no cumplida una mentira?, al menos en mi mundo sí (por lo que empatizo con el Furby)... pero pareciera ser que eso no es tan así, y que existe una cierta flexibilidad en los contratos implícitos. O que hay ciertas cosas que los anulan.

Ej: Pololeas con alguien, ese alguien te invita a un matrimonio. Terminan antes de que el matrimonio se lleve a cabo. ¿Es OBVIO que ese compromiso queda roto?... pareciera ser que hay opiniones divididas. Para algunos es obvio, mientras que para otros es algo que debe ser negociado. No tanto en negociar la ida, sino que poner palabras a la ruptura del compromiso, tal como cuando se creo.

Hay más actos ilocucionarios respectivos. Por ejemplo, hay relaciones de pareja que terminan porque dejan de verse, como que se olvida que existía la relación... pero no para todos es así. Y es exactamente lo que pasa con mucha gente cuya pareja muere, y ese proceso queda sin ser cerrado, "No pudo despedirse". ¿Cómo podría empezar una relación nueva si no terminó la anterior?, Y peor aún, el hecho de que esa relación NO PUEDE ser terminada porque la persona ya no está viva.

¿Qué pasa con los asuntos pendientes?... cosas que no se dijeron, que no se hablaron, porque no se tuvo oportunidad o porque una de las dos partes se negó, o incluso cuando se tiene una larga conversación que no va a dar a ninguna parte, algo que no queda dicho. ¿Pueden simplemente olvidarse o regresarán en forma de síntoma?, ¿Regresarán en sueños?...

En alguna medida, todo esto aún me preocupa porque creo en el bien y el mal. Aún creo que hay acciones intrínsecamente buenas o malas, en vez de estar mediadas por el contexto. Me gustaría tener la visión de que no hay bien o mal, sino sólo acciones y consecuencias, y que en ello se mide su bondad o maldad. Y nuevamente "words, words, words". La interpretación de algo bueno o malo no son más que palabras. No quiero decir con esto que no valgan nada, sino el hecho de que sin palabras no podrían existir juicios de valor.

"Palabras se las lleva el viento" reza el dicho popular, justamente en el sentido que los compromisos de palabas pueden ser rotos. Quizás mi problema está justamente en eso, que para mí deben cumplirse porque no se las lleva el viento, porque la palabra es importante. Pero pasa a estar "enfermo de palabras" como decía en un primer momento, por la necesidad de cumplirlas, quizás mi incapacidad de mentir y mi necesidad de cumplir mis promesas no es más que otro síntoma. 



1 comentario:

  1. La imagen del Furby me parece coherente a tus relaciones anteriores...y además yo tb soy una mujer de palabra, x si no te has dado cuenta...

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