jueves, 10 de mayo de 2012

Fin de ciclo y lo Estético (La Belleza)



Se acabó, así de simple. Recuerdo cuanto me angustié cuando terminé el Mario 2, y finalmente todo era un sueño. Me acuerdo como lloré cuando terminó la teleserie Brujas, aunque no estaba seguro de QUÉ era lo que me afectaba tanto.

Pero terminó un ciclo. Aun no puedo creer que “terminé la Universidad”. Siento que la vida me pasó por encima, en mi cabeza aún soy un adolescente de 15 años, pero en la realidad, tengo 26 y ya terminé la Universidad.

Sin embargo, estoy frustrado por mis altas expectativas. A través de los largos años y de las muchas carreras (excepto Filosofía en la Chile), nunca fuí un alumno que resaltara por sus calificaciones. Siempre estuve por debajo de la media en las notas, cosa que con el tiempo comenzó a molestarme. Si bien habia quienes eran geniales, y realmente vivían sus estudios, siempre me molestó que había compañeros que jamás pescaron nada de la materia que se pasó, nunca se dieron la molestia de pensar o de cuestionarse, nunca se entregaron al ejercicio de la reflexión, y tenían mejor nota que yo.

Y con eso empecé a fabular dos justificaciones: la primera es que el día que llegara a la práctica, ahí se demostraría mi genialidad. Y la segunda es que en el examen de grado me iría mejor que a ellos.

Llegó la práctica, en que las cosas no fueron tan bien como esperaba, terminé teniendo un fuerte conflicto con mi supervisora y me echaron. Mientras esas mismas personas aprobaban su práctica, yo me la habia echado. Luego en la segunda práctica me repuse y tuve una nota promedio.

Y finalmente llegó el examen de grado, en el cual, al contrario de todas mis expectativas, lo pasé con la nota mínima. Da lo mismo el por qué, pero una vez más me encontré con que no había podido demostrar mi valía. Y una vez más me encontré que estaba en un rango comparativo más abajo que los otros.

Y es momento de darle sentido de realidad al asunto, y cuestionarme que quizás no soy tan genial como creo ser. Quizás no soy tan hábil como terapeuta, quizás tener memoria cuasi fotográfica y un CI de 130 no me hace ser genial. Ahora bien, de todos modos, tengo un título de la Universidad más prestigiosa del país (para los de la Chile, una de las dos universidades más prestigiosas del país), lo que igual me hace estar en el 1% de la inteligencia en la población general del país.

Pero eso no quita que he basado mi imagen en mi nivel intelectual, y quizás ha llegado el momento de cuestionármelo. Y asumir mi falta/falla, asumir mi imperfección y que soy humano, quizás demasiado humano.

Ahora, hay que ver el lado positivo. Terminó un ciclo, digamos el ciclo del que he estado más consciente en mi vida, en que más decisiones he tomado, en que más encuentros conmigo mismo he tenido. Y quizás un aprendizaje que podría llevarme sería el “Saber que no se sabe”. Y aprender a trabajar más sobre la ignorancia que sobre el conocimiento. A final de cuentas, esa es una de las grandes lecciones que algunos psicoanalistas nos dejan.

Cosa que también tomo como la importancia de la contingencia, es decir, que nunca hay dos situaciones iguales y que no existen fórmulas para enfrentarse a la vida. Lo que es importante es lograr mantener la coherencia interna. Y comprender que la posibilidad de equivocarse existe, y que sin esto no existe la creatividad. Es el riesgo de vivir.

Ahora bien, hay algo que me es propio y que no necesito demostrar, ya sea en lo académico, en lo laboral, o en lo que sea, y es lo estético.

¿Qué es lo estético?, me cuesta encontrar una definición, sobre todo cuando en historia del arte mucho se me habló de lo “sublime” y nunca me pudieron dar una definición como la gente. Buscando, encontré una definición que decía “Lo estético como lo que impresiona nuestra sensibilidad”.

Esto me hizo más sentido y se condice con mi idea de que “las emociones son lo único real”. ¿Qué es esta sensibilidad?, es lo que yo he llegado a llamar un goce estético. Que no es más que, nuevamente, la aparición de lo sublime.

Siempre me gustó la rima de Becquer que dice: “¿Qué es poesía? Me preguntas mientras clavas. En mi pupila tu pupila azul, ¡Qué es poesía! ¿y tú me lo preguntas?, poesía eres tú”.

Más me gustó cuando en una exposición de Nicanor Parra encontré el genial “Globalización eres tú”. Lo que llevó a que por años mi biografía de facebook fuera “Existencialismo eres tú”.

La poesía es la descripción (y la causa) de un mundo como el que tienes cuando te enamoras de una mujer hermosa. Por eso siento que la descripción de Becquer es totalmente adecuada, y por ello mi parafrasis (y asumo que la de Parra también).

Poéticamente habita el hombre” es una frase que Heidegger toma de un poema de Hôlderlin, y no sé en que forma la ocupa, ni tampoco qué quería decir el autor en su poema. Lo que sí se, es que esa es mi visión de vida en este momento. Una vida estética, una vida poética, una vida que toca la sensibilidad en cada cosa.

Curiosamente, ayer dado que me titulé, le escribí un mail a un profesor que decía: Pareciera que fuera ayer que tuve clases contigo en bachillerato, y al decirte que me iba a comercial me dijiste: "Vas a ir a perder el tiempo, tú eres un psicólogo". Hoy, 9 de Mayo de 2012, efectivamente, soy un psicólogo.”
A lo que él me contestó: “gracias por la gentileza...me has regalado un momento poético”.

Nuevamente, la poesía aparecía, y no en mi boca, sino en las palabras de alguien con quién me comunicaba.

Un profesor de Literatura, en bachillerato, nos contó la historia de un artista, quien estuvo detenido y prisionero. Y en su prisión se agarró a cabezazos con la pared, para sangrar y poder pintar con su propia sangre, porque no tenía otro material con el cual crear algo. Y sentía que no podía vivir sin estar creando.

Esta historia me ha venido a resonar recién por estos días (6 años después, no es menor). Así que, resuena el crear (y la creatividad), y la belleza. Al respecto de eso, me viene a la cabeza la idea de “Crear una belleza nueva”. Esto es de una frase atribuída a Poe, que dice que las cuatro condiciones elementales de la felicidad son: la vida al aire libre, el amor de una mujer, el desapego de toda ambición y la creación de una nueva Belleza.

Esto estaría en el cuento “El Dominio de Arnhaim”. Sin embargo, al verme con el tomo de las obras completas en inglés, me encuentro con que el cuarto principio sería “an object of unceasing pursuit”. Es decir, un objeto de actividad incesante. Sin embargo, habla de la belleza nueva en el cuento. Pero esta cita artísticamente errada pertenece a otro poeta: Charles Baudelaire. Fue él, quien en un escrito sobre Poe lo citó de forma celebremente errada.

Sin embargo, aunque el crédito sea de él, me hace sentido la idea de crear una nueva belleza. Y haré el salto con una metonimia casi ridícula. El programa hoy llamado “Una belleza nueva” se llamaba anteriormente “La belleza de Pensar”.

Esta frase me hizo mucho sentido, ya que en el momento en que el pensamiento puede ser llevado a una visión estética, es decir, prácticamente un “pensamiento poético”. A partir de esta frase, me puse a pensar si sería una frase creada por Warnken o si también era una cita como la de Poe.

Fue un amigo que por facebook me puso que era un libro de un tal “Eduardo Anguita”, poeta chileno. Y al revisar el libro, lejos de haber poesía, son “crónicas” (al parecer, publicadas en diarios), de no más de una página cada una. En que cita libros y pone ciertos pensamientos.

Sin embargo, sin ser en rima ni con ritmo, hay algo de poético en sus palabras. En el prefacio del libro dice “Muchos críticos literarios han creído justo calificarme como autor de poesía intelectual. Creo que así es”.

Este libro, confirmó algo que yo venía pensando desde hace algún tiempo. La posibilidad de ver el pensar y escribir como un acto de creación, como un acto poético. Desde hace años yo me preguntaba porqué necesitaba siempre escribir, tanto en papel, como en blogs, como en facebook, como en twitter. Y es justamente porque se convierte en una creación. La belleza de pensar y la creación de una belleza nueva son dos caras de una misma moneda.

Es la posibilidad de “habitar poéticamente el mundo”, y esto es algo que me llena.
¿Podré demostrar lo poético que soy, tal como quería demostrar mi inteligencia (y no puede lograrlo)?, creo que no. Creo que el habitar poéticamente en el mundo es un bien en sí mismo. Tal como se decía que la filosofía “no sirve para nada” (un postulado completamente errado a mi parecer), este sería el mismo principio. El habitar poéticamente está en el aquí y ahora, no en el logro o no logro. Lo hermoso de lo poético no es la obra, sino la creación de la obra, el centrarse en el proceso.

La primera vez que me di cuenta de esto, fue montando el musical de la Misión, de disfrutar CADA vez que volvíamos a repasar la escena, una y otra vez. E ir viendo como se iba volviendo cada vez más armoniosa y perfecta. Pero eso es harina de otro costal.

Se acabó un ciclo y por eso cambié mi biografía de twitter, a lo que le puse “Poeta por vocación, psicólogo por extensión”. Ser poeta no tiene que ver con ser capaz de escribir los mejores versos, sino con vivir una vida cuyo centro es la belleza. Y por eso, Becquer tenía tanta razón diciendole a aquella mujer de ojos azules “poesía, eres tú”. 


1 comentario:

  1. el arte es arte porque alguien lo siente, no porque alguien dice que lo es.
    Finalmente, siempre, poesía eres tú.

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