domingo, 6 de diciembre de 2015

Mi pequeña crisis de los 30



Estoy a menos de 30 días de cumplir mis 30 años. 

Hoy fue un día académico, en que estuve todo el día en un seminario de invitados italianos, que hablaron respecto del tema específico de suicidio adolescente, sin embargo, en la tarde la temática fue un poco más enfocada en la idea de la muerte, que a final de cuentas, es algo que nos toca a todos, de una u otra manera.

Hace tiempo que no escribo de la muerte aquí, porque en resumen, hace bastante que no escribo nada para el blog. Pero es un tema recurrente… sin embargo, no hablaré respecto de la muerte, sino de la vida. 

Este seminario estaba dictado por dos italianos. Los cuales estuvieron aquí toda la semana, e interactué con ellos dos días. El día miércoles y el día viernes. 

El día miércoles estaba tranquilamente trabajando, cuando uno de mis jefes me dio el aviso de que estarían con los invitados viendo un caso tras de espejo, y que mi jefe era terapeuta del caso, por lo que no podría traducirles, a lo que me preguntó si podía ir.

Evidentemente mi respuesta fue “cuenta conmigo”. Fui ese día, pero lamentablemente mi omnipotencia se quebró. Estando allí me di cuenta de que no tenía problema en traducir a los italianos al castellano… pero hacer una traducción simultánea del castellano al italiano, de una sesión familiar con 2 terapeutas  y 3 pacientes era una historia absolutamente diferente. 

Por suerte para mí, los pacientes no llegaron. Pero había un partido de Universidad de Chile con Colo-Colo y mi jefe tenía propuesto un asado en su casa, así que fui. Lo curioso es que, aparte de los dueños de casa, era el único que hablaba italiano, por lo que me quedé conversando más o menos una hora y media con uno de los invitados. Quien estudió filosofía y posteriormente psicología, y la conversación versó sobre aquello… escuelas de psicoanálisis, Heidegger, Wittgenstein… por lo que mi nivel de cansancio mental ya me estaba superando. Aunque mi autoimagen había crecido grandemente porque había sido capaz de tener este tipo de conversación tan profunda y tan larga pensando en italiano, ya no daba más. 

Hoy era el seminario de los mismos personajes, como había dicho antes, y fuimos a almorzar con ellos y conversamos algo más e incluso hice de intérprete a alguien que les quería hacer unas preguntas mientras estaban en break. 

Y en el seminario se habló respecto de suicidio adolescente, y de cómo muchas veces la terapia lleva a no hablar de la muerte sino de la vida.

Probablemente, la conjunción de estos dos elementos hizo algún click en mí. Y quise ir a agradecerle a mis papás… ¿Agradecerles?

En general, la relación con mis papás no es muy buena. Da lo mismo explicar el por qué, ya he tirado puteadas antes y las volveré a tirar. Pero hoy no es necesario. 

Mis estudios formales en italiano no son muchos. Estuve en un jardín infantil italiano, tuve un curso de italiano a los 6 años, y a los 20 estuve en un curso de italiano básico en Italia (en donde realmente lo que aprendí era que podía conversar en inglés con mis compañeros). 

Pero son realmente los años de escuchar hablar en italiano a mi papá los que me dieron la facilidad del idioma, es toda la cultura italiana presente en mi familia la que me da la oportunidad de hoy poder conversar donde otros sólo pueden escuchar y entender a medias.

Por lo que me sentí agradecido, y fui a verlos y agradecerles por esto.

En la casa de mis papás fue lo de siempre, peleas entre ellos por nada, descalificaciones, insultos, desconfirmaciones… pan de cada día. Pero por algún motivo, no me afectó como siempre. Asumo que el hecho de no vivir en esa casa y vivir solo desde hace casi un año ha cambiado mi perspectiva.
Pero estando allí, sentí un impulso de hacer algo que nunca había tenido. Me puse a revisar fotos. Y vi todas las fotos que hay en la casa. Revisé toda la historia que está datada. Irónicamente por mucho tiempo parecía que había MUCHAS fotos… sin embargo, en el día de hoy, época de que todos los celulares tienen cámaras, y que vemos fotos en facebook cada día, uno se da cuenta de que el registro del tiempo de las cámaras analógicas es TAN pequeño.

¿Cuántas fotos de mí existían en esos álbumes?, ¿50 fotos?, ¿100 con suerte? Puedo asegurar que ni siquiera hay una foto por año. De los casi 30 años de mi historia, hay poquísimo registro. Y darme cuenta de esto fue muy extraño… para mí, mi autoimagen de niño siempre ha estado cargada de una inmensa negatividad. Siempre que había visto una foto de mí mismo había sentido un enorme desagrado.

Sin embargo, en esta ocasión no fue así. Si bien la primera foto no me pareció fea, en la medida que fui viendo otras fotos me percaté de un detalle increíblemente molesto… existió una ENORME falta de cuidado con mi corte de pelo. Existen sólo DOS fotos en que salgo con un corte de pelo decente. ¿Cómo no voy a haber tenido toda mi vida un problema con mi autoimagen si en mi infancia hubo tan poca importancia en cómo me veía?

Incluso esto me da una explicación de por qué el corte de pelo es algo TAN importante para mí hoy en día… hay algo del cuidado que se juega en ello. Evidentemente, esa despreocupación del pelo es un reflejo de muchas otras cosas.

Bueno, pero el hecho es que no me veía bien en la mayoría de las fotos, y hay un par en que encontré que sí. Pero lo importante es que no me causaba ese desagrado que he sentido toda la vida por mi imagen de niño. 

De mi adolescencia prácticamente no hay fotos. Hay una foto de mis 13 años, foto en la que realmente encuentro que me veo bien, estaba flaco y debe ser uno de los pocos momentos de mi vida en que no tuve papada, tenía un buen corte de pelo, había empezado a usar lentes de contacto y (evidentemente) estaba afeitado. 

Pero eso es todo. ¿Dónde están casi 20 años de mi existencia? No hay registro. Y eso en cierta medida es una amenaza y una oportunidad. Me causa una cierta nostalgia el que no hayan pruebas palpables de mi crecimiento, de mi historia. Pero por otro lado, significa que mi historia sólo existe en mis recuerdos, en la construcción de mis recuerdos y la narrativa de mi relato. 

Había un par de fotos de gatos, y me causó gracia ver un gato negro igual a Morgan cuando era chico. He contado anteriormente la muerte de un gatito negro que mucho me marcó, pero es curioso que en el caso de Morgan, al ser hijo de los gatos que hay en la casa de mis papás, es también una parte de esa estirpe, de esa historia de vida, de esa deriva genética. 

Aunque me causa un poco de tristeza pensar que probablemente sea el último. No sólo en el hecho de que va a sobrevivir a los gatos que no son cuidados ni llevados al veterinario de la casa de mis papás… sino en el hecho de que al estar Morgan castrado, no podrá tener hijos. 

Y quizás este pensamiento tan al pasar, tiene una profundidad mucho más grande de lo que esperaba. Y está en el centro de esta crisis de los 30. 

Al ver las fotos de mis papás jóvenes, es inevitable ver el tremendo parecido que tengo con mi papá. Ver fotos en que estaba joven, flaco y tenía la barba negra, muestra un parecido físico innegable, y en muchas fotos la forma de pararse o de mirar delatan el parentesco. 

Y llegué a un álbum que tenía dentro una rosa. Una rosa que estaba desarmada, y que evidentemente podría tener un mejor cuidado. Cuando lo abrí y la rosa estaba en tan mal estado, mi mamá miró  y se lamentó que “no quedaba nada de la rosa”… pero sólo estaba desarmada, quedaba un pétalo que conserva su color, y el tallo estaba completo. 

Y allí es cuando ella dice “esa es la rosa de cuando me casé”. Y efectivamente, al ver las fotos del matrimonio (todas en blanco y negro… no había cámaras a color), mi mamá está en su matrimonio no con un ramo, sino sólo con una rosa en la mano. La misma rosa que está en el álbum.

Y algo me pasó. Algo me tocó, algo de la crisis que ya se venía generando se movió en mí. Desde hace tiempo sé que mi papá llevaba más de un par de años casado cuando tenía mi edad. Por otra parte, también es un hecho que mi mamá ya tenía 43 años cuando me tuvo. 

Pero el hecho es que este año, este 2015, ha sido un año que ha avanzado enormemente rápido, pero a la vez es un año en el que han ocurrido MUCHOS eventos de crecimiento personal. Desde hace al menos 5 años que venía preguntándome cómo sería cuando llegara a los 30. Si lograría tener trabajo, si habría logrado salir de la casa de mis padres… 

Y he estado los últimos 13 o 14 años sintiendo que tengo 15 años… sintiendo que soy el mismo adolescente. Por lo que esperaba era llegar a mis 30 parafraseando a Serrat y decir “hace 15 años que tengo 15 años”. Pero lo cierto es que no es cierto. Algo pasó en mis 29. Una suerte de maduración express ocurrió, y me encontré trabajando, me encontré ganando plata, me encontré viviendo solo, me encontré cuidando un Morgan. 

Me encontré como un docente haciéndole clases a alumnos, me encontré siendo una autoridad de conocimiento, me encontré siendo admirado de lo mucho que sé y de lo bien que puedo ordenar las ideas. Me encontré con que mis decisiones y mis palabras afectaban a otros, que lo que enseñara podría ser significativo para lo que ellos hagan de sus vidas. 

Me encontré ejerciendo como terapeuta, me encontré trabajando en que personas puedan aliviar su sufrimiento y que agradecen lo que hago; me encontré haciendo reflexionar a parejas respecto de su relación y a familias pensar respecto de sus interacciones. Pareciera ser una ironía ser un terapeuta familiar viniendo de una familia tan disfuncional, y ser un terapeuta de parejas teniendo una vida amorosa desastrosa… pero cabe también la pregunta de si no es acaso esa la única forma de llegar a ser un buen terapeuta, con el arquetipo del sanador herido. 

Me encuentro a menos de un mes de cumplir mis 30 años que ya no tengo 15 años. Es un crecimiento que me pegué en sólo un año, es cierto, es menos tiempo del que habría esperado para lograr procesarlo… pero es una realidad. 

En estos momentos me encuentro ante la decisión que implica invertir 16 millones de pesos en hacer un doctorado. Hace un año, esto era impensable. Era una cantidad de plata que pensaba que nunca pasaría por mis manos. Y hoy es la realidad de una decisión que debo tomar… tanto si es para un sí como si es para un no. Y es una inversión, así como es la decisión de comprar un auto o comprar una casa. Es una decisión a tomar pensada en el largo plazo, en la carrera académica en la que ya me estoy desarrollando y que planeo continuar. Es una decisión respecto de lo que espero y lo que quiero para mi vida… para mi vida adulta.

Otro evento que ocurrió este año y que me marcó enormemente, fue la próxima paternidad de uno de mis mejores amigos. Amigo del que he hablado anteriormente en este blog dándole el nombre de Marshall (referido a Marshall de “How i Met your Mother”, al cual se parece mucho). Cuando dio la noticia al grupo de amigos en whatsapp fue una alegría inmensa. Por algún motivo me caló en algo tan profundo que no soy capaz de describir.

Semanas antes de esta noticia, (yo) había ido con su señora al concierto de Les Luthiers, debido a que originalmente iba a ir con él, pero le salió un viaje de trabajo imprevisto. Esa noche estuve conversando con ella respecto de si este era el momento en que estaban dadas las condiciones justas para tener hijos. Ella me dijo que no, pero el tiempo mostró que ese “no” no era tan cierto después de todo. 

La emoción para mí del embarazo de Marshall y Lilly fue enorme. No lo podía creer. Yo mismo me cuestionaba por qué estaba tan emocionado si es algo que no tiene nada que ver conmigo. Y nunca me había emocionado por el embarazo de alguien.

Pero una vez más, todo esto tiene que ver con el momento de adultez que estoy viviendo. Los hijos ya no son un condoro. Un embarazo no significa la necesidad imperante de un aborto. Un embarazo no significa que te cagaste la vida. Un embarazo puede ser algo planificado y deseado…

Y hoy veía esas fotos del matrimonio de mis papás, y posteriormente, una foto de un embarazo, y las fotos del nacimiento y crecimiento de mi hermano y mi hermana. Como se fue constituyendo una familia. Como mí nacimiento, que para mí sigue siendo visto como un embarazo no deseado, se insertó dentro de una trama familiar, de una historia de una familia de la cual yo soy un eslabón más de la cadena.

Y que a diferencia de la cadena de Morgan, es una cadena que no termina en mí. O al menos, aún tengo la oportunidad de que eso no sea así. Si bien esto es un tema de la “tenencia responsable de mascotas”, el no creer que un gato o un perro puede deprimirse por tener crías, o la idea de Schopenhauer de que la naturaleza nos ocupa para reproducirse; lo cierto es que muchas veces me he planteado de cuál sería el sentido de traer un hijo al mundo, a un mundo enfermo en el que sufrirá, y que probablemente le toque vivir la extinción de nuestra especie… (Considerando que hemos como humanidad gastado el 50% de los recursos naturales del planeta en los últimos 150 años, y no tiene cara de que las políticas de recursos renovables vayan a triunfar). 

Hace un par de meses, tuve una conversación con Marshall, quien me dijo sin ninguna clase de tapujos “No eres Ted Mosby y quien creas que es el amor de tu vida no es tu Robin Scherbatsky”. Y tiene razón. Sin embargo, eso no quita que la primera temporada de la serie, justamente lo que desata la crisis de Ted por encontrar a la madre de sus hijos es la proposición de matrimonio de Marshall a Lilly. 

Y lo cierto es que no puedo sacarme de mi cabeza la canción “arroz con leche” porque me quiero casar. Y esto no tiene nada de nuevo. Si me he identificado tantos largos años con Ted Mosby es porque justamente lo que le ha dado sentido a mi vida ha sido la búsqueda del “amor de mi vida”. 

Pero hoy hay una diferencia, y es que es real. Esto no es una fantasía de cómo sería “un vivieron felices para siempre”, sino que después de vivir este casi año solo (bueno, con Morgan en realidad), me he encontrado con lo hermoso del día a día, me he encontrado con lo hermoso que es no estar invadido por los conflictos de la familia disfuncional, con la capacidad de tomar mis propias decisiones sin depender de otros, haciendo lo que creo mejor para mi vida. Manteniéndome con el dinero que gano de mi propio trabajo, haciéndome cargo de mí mismo. 

Y lo cierto es que hoy, quiero formar una familia. Lo cual no significa (necesariamente) tener hijos de inmediato. Mi pareja, Morgan y yo, seríamos de por sí una familia. En el querer compartir esa libertad de la adultez, en esa búsqueda de la felicidad. “Tendremos un hijo si quiere venir” como dice la canción de Sui Generis, y ya no es un problema, es un deseo. 

Y eso me devuelve a las fotos que vi de mi propia infancia. Puedo ver en mi propia imagen el sufrimiento y las carencias afectivas que sentía. Puedo ver cómo siempre me encontré feo y desagradable, e irónicamente, los ojos que me veían así no eran propiamente los míos. Ahora puedo ver esas fotos como un niño que puede ser amado, y puedo verlo gracias a quien al día de hoy me ha aceptado y me ha amado. 

Muchas veces he intentado en este blog llegar a una definición de lo que es el amor. Y evidentemente he hecho la relación entre mis propias carencias afectivas y la necesidad de buscar al amor de mi vida. 

Cuando terminó mi relación con Esperanza, pensé en cómo le había puesto ese nombre porque era mi última esperanza, y que probablemente si mi relación con ella no funcionara, me convertiría en un Barney Stinson (parece ser que alguien que no ha visto HIMYM está impedido de leer esta entrada).
Pero lo cierto es que con el tiempo la tarea se hizo imposible. Porque con lo enamoradizo que soy, nunca he podido darle un beso a una mujer, o mirarla directamente a los ojos sin enamorarme. Hasta ahora. 

Porque probablemente, otro de los eventos que me marca en estos 29, es el darle un beso a una mujer y no sentirme enamorado de ella inmediatamente. ¿Por qué pasó esto?, tengo una hipótesis. 
Siguiendo lo que decía anteriormente, este enamoramiento compulsivo probablemente se daba a mis carencias afectivas. Cualquier signo de atención de una mujer significaba la posibilidad de ser amado, y la idealización que ello portaba me llevaba a creer que mi salvadora estaba frente a mis ojos.
Pero probablemente, este acelerado proceso de maduración que he tenido en este año, me hizo convertirme en algo más independiente, en algo menos indefenso y que necesita ser salvado, porque es capaz de mantenerse, es capaz de mantener una casa y a su gato, es capaz de pasar penas y alegrías por sí y para sí. 

En este sentido, la idea de casarse dejó de ser la búsqueda de la contraparte femenina del príncipe azul. Casarse dejó de ser una salvación, dejo de ser, poniéndolo en términos más crudos, poder amarrarme a alguien y que no pueda dejarme porque evidentemente no voy a ser digno de ser querido para siempre. 

Casarse es ahora un proyecto de la felicidad a construir, no es el final, sino el comienzo.

¿Y qué pasa con la posibilidad de ser Barney Stinson? Bueno, ahora efectivamente es una posibilidad que tengo. Soy un hombre soltero, de casi 30 años, gano plata, no soy gran cosa pero tengo mi atractivo, tengo buena labia, y en el peor de los casos… sé hipnosis. 

Pero el punto es que no me interesa. Ese beso sin amor me muestra que no me interesa el placer por el placer. Antes no podía asegurarlo, puesto que cada beso me significaba enamorarme. Pero hoy creo saber de una forma diferente lo que es el amor, y lo que es amar a alguien con quien te casarías. Alguien podría decirme que simplemente fue un mal beso, que no congeniamos, o cualquier cosa… pero no tiene que ver con eso. He tenido malos besos, y este no fue uno de ellos.

Es como que finalmente haya podido vivir una experiencia que para todo el mundo es absolutamente obvia, la diferencia entre lo sexual y el amor. Y no me interesa lo primero sin lo segundo.

Volviendo a las fotos, de todas maneras sentía una gran incongruencia. Esta historia del matrimonio de mis padres se vuelve una ridiculez cuando los tienes al frente tuyo peleando por cualquier estupidez, por el gusto de hacerse daño.

Y evidentemente la pregunta que me hago es cómo no llegar a estar en esa situación.

Mientras estaba en la mesa, mi papá le dijo a mi mamá que quería plantearle algo en privado, pero que iba a aprovechar que yo estaba en la mesa para hacerlo. A lo cual mi respuesta fue “bueno, si es privado no me metas a mí entonces”. Sin embargo, prosiguió… y es probablemente por esta falta de deferencia que se ganó la respuesta que di a su comentario.

Mi mamá está de cumpleaños el lunes, y por lo mismo, mi papá sacó a relucir su discurso repetido “No me gusta regalar cosas por regalar, por lo que quiero regalarle para su cumpleaños algo que necesite”. A lo que yo contesté con tono de burla (aunque no demasiado agresivo) “un marido”.
El comentario le causó gracia a los dos. A lo cual mi papá empezó a decir “Bueno, pero es que un marido con plata…”, a lo que le recalqué “no necesita un marido con plata, necesita un marido que la escuche”.

Mi papá intentó salvarse diciendo algo así como “Bueno, por tener eso 24 horas costaría…”, pero mi mamá, con una cara de sentirse comprendida me dijo “gracias, hijo”, y ya el espacio no daba para tallas. Se había dicho algo tan fuerte de una forma tan suave que el momento se tornó en un evento poético.

¿Por qué estoy contando todo esto?

Los conflictos de mis papás son algo interminable. Evidentemente, es algo compartido, mi papá no escucha a mi mamá, pero algo hace ella también para que la situación se dé así. No hay buenos y malos en esta película, sólo interacciones cibernéticas recíprocas.

Y al tener en las manos las fotos de lo que ha sido su vida y su familia, y viendo el parecido evidente que tengo con mi padre, no puedo evitar que venga el temor de que con la persona que me case terminemos repitiendo la misma historia.

Si soy un eslabón en esta cadena familiar, no sólo son físicos los parecidos. Sin embargo, no puedo evitar ver la diferencia que existe entre ellos y yo. La diferencia entre el momento y los motivos por los que se casaron (que no fue embarazo, para que no quede esa duda), la diferencia entre el adulto en que me estoy convirtiendo / he convertido, contra lo que ellos son, y más aún lo que ellos eran cuando se casaron.

Tengo casi 30 años.

Mi vida ha cambiado mucho en el último tiempo, y probablemente siga cambiando.

En enero de este año le dije a alguien que posiblemente este sería el mejor año de mi vida. Dije esto pensando en las expectativas que tenía de lo que sería mi año. Al mismo tiempo, también pensé en el hecho de que esa frase implica que todos los años posteriores no podrán superar a este.

Lo cierto, es que de las expectativas que tenía, pocas se cumplieron. Sin embargo, cosas que había soñado (literalmente) y que no esperaba sí ocurrieron.

La vida sigue y se hace cada día más real, a veces demasiado real. He reído y he llorado. He ganado y he perdido. He querido y me han querido, he amado y me han amado.

No puedo decir que sea feliz. Son palabras demasiado grandes. Todavía deseo que ocurran cosas y creo que en el momento en que ocurran seré feliz. Y la razón me dice que aunque consiga esas cosas que deseo, desearé otras y seguiré creyendo que la felicidad está ahí delante como el burro que persigue la zanahoria.

Pero de los 30 años que he vivido, estoy en mi mejor momento. Y puedo estar agradecido por ello.

viernes, 24 de julio de 2015

Confesiones felinas

He pensado bastante en cerrar este blog. De hecho, empecé a escribir una entrada de cierre, explicando la evolución que el blog ha tenido en los últimos 5 años.
Lo cierto es que en general, ha sido un espacio para hablar de cosas en forma políticamente incorrecta, y por ende, no posteo sus entradas en facebook.
Pero casi llegando a su cierre, haré una excepción.

Siento que tengo que escribir esta entrada, no sé por qué ni por quién, pero simplemente debo escribirla.
Desde el 23 de Octubre del 2014, tengo a Morgan. Morgan es mi gato, y quien se ha robado practicamente todo el protagonismo de mi facebook. Siendo que es un personaje sin mucha actividad, los estados que hablan de él, o las fotos que lo incluyen a él tienen más likes que cualquier cosa que yo escriba o muestre.

Así que en términos de facebook, no soy yo quien vive en facebook sino que es Morgan quien vive en él (?).
Muchas veces me pregunto si no me he convertido en una combinación de:
1. Esas parejas que no tienen hijos y tratan a su mascota como si lo fuera.
2. Esas personas que postean todo el día en facebook cosas acerca de sus hijos y son insoportables.

Si es así... es lamentable que me haya convertido en un ser tan detestable.
Sin embargo, por último es más agradable ver fotos de gatos que de niños en internet... discutiría más sobre este punto, pero no es su momento.

¿Por qué Morgan es tan importante para mi?
Refiere tanto a la historia de Morgan en cuanto tal, asi con mi relación histórica con los felinos en general.
Crecí en una casa donde siempre hubo gatos. Recuerdo que en algún momento llegó a haber 17 gatos en la casa... sin embargo, hay que entender que esta cantidad de gatos no es la misma en que una persona "normal" lo entendería.

En la casa, los gatos vivían afuera. Los gatos nunca entraron a la casa.
Los gatos nunca fueron a un veterinario, los gatos y gatas nunca fueron castrados o esterilizadas.
Los gatos simplemente obtenian una cosa: alimentación.
Y no era comida de gato en forma de Pellets... se les hacía "comida de gatos" consistente en fideos (cabellos de angel) cocidos y remojados con una mezcla con Jurel.
No sé si era mejor o peor que los pellets, pero el hecho es que comían eso todos los días. Además de leche, que se les daba por la mañana.

Pero los gatos vivían en el laissez-faire más absoluto.
Lo que conllevó horrores bastante grandes, como que en un momento una gata tuvo una infección tremenda, en que se le empezaron a poner morados los ojos, se le reventaron los ojos y andaba con los ojos colgando...
Por supuesto, para mis padres esto era algo totalmente indiferente... cuasi que era parte de la normalidad.

Hay algunas excepciones notables a todo esto.
En algún momento, hubo un gatito que lo llevaron para que me despertara en la mañana, y al parecer lo aprendió... en la mañana abrian la puerta de la casa, y el gato subía al segundo piso y subía a la cama a despertarme.
El final de ese gatito al parecer llegó un día en que se subió al auto de mi hermano sin que se diera cuenta, y cuando llegó a su destino abrió la puerta y salió corriendo...

La otra gran excepción fue la Remolona.
La Remolona fue una gata que nació, pero su madre murió al corto andar. Ella y sus dos hermanos fueron criados un poco tiempo dentro de la casa, en donde se les alimentaba con mamadera. La Remolona era una gata cariñosa, y fue la matriarca de la casa por mucho tiempo. Muchas generaciones de gatos nacieron de ella, hasta que en una camada sufrió una mastitis y mi hermana la llevo a la veterinaria y la esterilizaron. Se fue envejeciendo, y al parecer fue perdiendo la vista... se sentaba largas horas mirando una muralla.
Finalmente murió de vieja, debe haber tenido unos 14 años... con el hito que había marcado en la casa, no era posible "botarla" simplemente. Por lo que mi hermana la mandó cremar y está en un ánfora con su nombre.

Con todo... siempre se ha mirado con normalidad el hecho de que los gatos nazcan y mueran afuera de la casa de mis papás, y vivan sus ciclos.

Sin embargo, estando en mi última relación de pololeo, en algún momento apareció un gatito, y yo quise cuidarlo. Es probable que Esperanza (recordarán que ese el nombre que le di en este blog) me dijera que había que llevarlo al veterinario, pero yo le debo haber dicho que no había plata para eso... que es el argumento familiar que tenía encima.
Sin embargo, fue dificil cuidar a este gatito, estando afuera de la casa, y no sabiendo cómo hacerlo. Un día al llegar a la casa se estaba muriendo... intenté alimentarlo dándole unos pedazos de orilla del queso, mezclado con catnip.

Y esto es lo que me hace sentir peor.
La orilla del queso es algo que siempre se les dió a los gatos en mi casa, y se lo comían con gusto.
A mis 28 años, no tenía idea de qué era lo que un gato comía. Mucho menos un gato chico (debe haber tenido como un mes).
El gatito murió, y hasta el día de hoy, siento que yo lo maté.
Siento que lo maté intentando darle de comer el queso, siento que lo maté al no llevarlo al veterinario, siento que lo maté al no hacerlo entrar a la casa.

Y en el momento de escribir estas palabras, tengo mucha pena.
Por lo que, muchos meses después de ocurrido esto, una noche desde la ventana de mi pieza escuché los maullidos de un gatito.
Y me angustié... me angustié de que otro gato pudiera morir.

Le dije a mi mamá... sin embargo, para ella era una vez más el ciclo de la vida.
Y escuchabas los maullidos desesperados del gato...
¿Lo habrian venido a botar acá? (Cosa que pasó infinidad de veces, al ver que habían gatos aquí muchas veces vinieron a botar gatos chicos).

Tomé una decisión.
Si a la mañana siguiente, el gato estaba vivo, lo adoptaría.
Llegaría a ser MI gato, finalmente... después de una vida entera de ver gatos morir sin poder hacer nada, por el peso de mi familia sobre ello, esta vez no sería así.

La mañana siguiente, me levanté, salí de la casa hacia el patió y escuché el maullido.
Me acerqué y lo llamé. Y del pasto, salió caminando una bolita de pelos negra.
Y tengo ese momento grabado. Tengo grabada la imagen de esa primera vez que lo vi, porque sabía que tal y como habia prometido, ya no había vuelta atrás.

Entré al gatito a la casa, y me eché al sillón con él. Al poco rato se quedó dormido encima mío. Asumí que no debía haber dormido en toda la noche llorando en el pasto.
Esperanza me enseñó muchas cosas sobre su cuidado. Yo compré una mamadera (de guagua... de hecho, me preguntaron "¿niñito o niñita?", "gato" fue mi respuesta) y leche, pero ese mismo día ella llegó con una mamadera para gato y con leche "mamistop". Me explicó que la leche de vaca le hacía mal a los gatos, y allí empezó el viaje de cuidados a Morgan.

Por primera vez pagué el precio de cuidar a un gato. Llevarlo a controles, a que le pusieran antiparasitarios, a que le pusieran un montón de dosis de vacunas... de hecho, al parecer muchas más de las que debería (en Pethappy te hacen ponerle de todo para que gastes, gastes y gastes...).
En general fui bastante obediente con lo que me decían en pethappy... pero cuando ya estaba dudando de tanta vacuna, le pusieron la Antirábica... cuando se la pusieron, Morgan pegó un tremendo grito (las otras no le habían dolido), y la veterinaria decía que era normal.
Pero a los pocos días, se le había hecho una tremenda pelota en la pierna. Y tuvieron que operarlo para sacársela.
La veterinaria NUNCA se hizo responsable de que fuera porque le puso mal la vacuna o que haya sido por su contenido.

Lo cierto es que en total, entre vacunas, antiparasitarios y la operación por la vacuna mal puesta, y una radiografía por una vez que quedó cojo y huevadas varias, debo haber gastado por lo menos unas 400 lucas...


Por otra parte, Morgan estaba lejos de ser cariñoso, mordía y rasguñaba permanentemente. Me decían que era normal que mordiera porque estaba jugando. Esperanza tenía la hipótesis de que al no tener hermanos o mamá con los que jugar, no había sido socializado en cuando corresponde morder y cuando no.
Algunos decían que con el tiempo se le pasaría.

Ah, un detalle importante.
El tiempo me mostró que Morgan no había sido botado desde otra casa.
Era hijo de una de las gatas de la casa, y de hecho, tenía un/a hermano/a... quien curiosamente, se fue quedando chico al lado de Morgan. Antes de irme de la casa de mis papás, ya era del doble de tamaño.
No sé finalmente por qué lo habría dejado botado en el patio toda la noche. Y por mucho tiempo me hice la siguiente pregunta: ¿Es lo mejor que Morgan esté acá?... En la casa tiene todos los cuidados, tiene veterinario, techo y comida... pero afuera su hermano tiene a su madre... Se me hacía un poco la imagen de "El principe y el mendigo".

Morgan se mantenía en mi pieza... ya un gran logro había sido el hecho de que estuviera adentro de la casa, que mi mamá había dicho "No permitiré con un gato viva adentro de la casa"... pero no lo quedó mucho que hacer cuando yo tomé la decisión.

Después de que se cayó de la escalera (siendo chiquitito) puse una protección para que no le volviera a ocurrir. Y siendo pleno verano no podía dejarle la ventana cerrada (y que estuviera con 40 grados de calor en la pieza) por lo que puse una malla de gallinero para poder dejarle abierta la ventana y que no se cayera por ella.

Sin embargo, una o dos veces, cuando salió corriendo de la pieza, saltó a la ventana de la pieza de mis papás. Y por suerte no alcanzó a subirse y caerse.

Llegada a esta parte de la historia, no deja de ser curioso que el gato se llama Morgan, por Morgan Freeman... un gato completamente negro (sí, el racismo en Chile no es un tema de preocupación como en otros países con historias de abuso racial), y una de sus películas más conocidas es "sueños de fuga". Y ya ha roto más de una vez las protecciones que lo mantienen adentro de la casa...

Ya yéndome de la casa de mis papás, Morgan se ha mantenido también dentro de la casa. Lo dejé salir dos o tres veces, siempre monitoreando donde estaba.
Pero no quedo tranquilo...

Mucha gente me dice "es un gato, déjalo salir". Pero no puedo, y hay principalmente dos motivos:
1. Ahora vivo en una casa, pero probablemente en dos años más esté viviendo en un departamento. ¿No se va a estresar más si conoce un patio y un mundo y allá afuera y después tiene un espacio de 4 metros?
2. Si algo le llega a pasar a Morgan, me muero.

Hace muchos años (12 para ser exacto), después de que una polola me pateara le dije "yo sólo quería darte cariño". A lo que ella me contestó "Si quieres darle cariño a alguien, comprate un gato".

La relación con Esperanza terminó hace ya 5 meses (de hecho, al ver la fecha, veo que ayer se cumplieron 5 meses)... no sólo con la compañía de Morgan en ese proceso, sino que Morgan fue uno de los motivos de la ruptura (no el único).
Morgan ES el vínculo más importante que tengo en este momento.
A pesar de que muerda, a pesar de que rasguñe, a pesar de que sea un huevón pesado.
A pesar de que ya no es un gato negro, sino que mutó y ahora tiene la guata blanca y los lados cafés.

Pero lo cierto es que hay muchas cosas que no me dejan cómodo.
Para mí el tema de la muerte es algo central, y ahora con Morgan, el tema ha tenido aún más vueltas.

Puesto que me he cuestionado qué pasaría si yo me muriera estando en la casa... facilmente podrían pasar dos semanas antes de que alguien venga a ver la casa, y Morgan no habría tenido nada que comer en ese tiempo...

Misma cosa si muriera fuera de la casa, miedo que se hace más fuerte ahora que tendré que viajar todas las semanas a Viña a hacer clases.

Por otra parte, Morgan está encerrado en la casa, por lo que si algo pasara, como que la casa se incendia, no podría arrancar.

Y por último, algo que me persigue mucho en estos días, es que Morgan nunca ha pasado un día y una noche enteras solo, y esto va a pasar prontamente, que voy a estar fuera de Santiago por ese tiempo.

Sobre todo considerando que toda la semana pasada ha dormido conmigo y ha estado tremendamente regalón.
Conversando con alguien me decía que puede ser por el frio... lo cuál no deja de ser cierto. Pero pensando en este viaje, me da miedo que Morgan pase frio (ya muchos me han dicho "es un gato, no se va a morir de frio por pasar una noche adentro de la casa solo"). Pero lo que más me da miedo es que se sienta abandonado...

Es probable que yo me esté enrollando más de lo que Morgan realmente se complique con el asunto (es muy probable, yo tengo lenguaje y conceptos tales como "abandono" y "culpa"... Morgan no los tiene).

En el momento en que llego a la casa y Morgan me está mirando por la ventana, me entra el miedo de que Morgan esté mirando toda la noche por la ventana con la esperanza de que yo llegue...

En fin... ya perdí el hilo de lo que estaba escribiendo.
Postearé la entrada, pero no la publicaré en facebook.

jueves, 7 de mayo de 2015

El día en que me volvi viral...

Hoy en la mañana, viendo tranquilamente facebook... vi a un contacto (católico) postear la siguiente imagen...


Por la beatificación del personaje en cuestión... 
Sin embargo, en mi cabeza, lo que vi fue una reacción del tipo...


Por lo que la postée en el grupo de Starcraft, con la leyenda "por favor díganme lo primero que se les venga a la cabeza"...
Esperando un "oie k rico" o "k zuculento".




Y bueno, ese fue el juego por un rato...
Pero grande fue mi sorpresa cuando hoy, navegando en PLP encuentro...














Y este, fue el primer día en que cree una tendencia en internet.
Y no puedo postear esto en facebook... porque claramente será un insulto para ese contacto que puso el post original de la beatificación del personaje...



viernes, 1 de mayo de 2015

Blizzard y el Oro

Hay una historia contada por Paul Watzlawick que dice que habia unos niños que jugaban a la pelota afuera de la casa de un hombre, quien ya estaba cansado de los gritos, pelotazos, y que le rompieran cosas. Por lo que un día, decidio pagarles. Les daría un dólar por cada vez que jugaran a la pelota, y así lo hizo.

Al tiempo, el hombre dejó de pagarle a los niños, y los niños dejaron de jugar a la pelota fuera de su casa. Una vecina, posteriormente, intrigada por el hecho de que los niños dejaran de jugar, les pregunto: “¿Oye y ya no juegan a la pelota acá afuera?”, a lo cuál ellos respondieron: “¿Qué?... ¿gratis?”.

Esta pequeña historia representa bastante mi situación actual respecto de los video juegos.
Yo no me considero un “gamer”. Creo que mis días de ser gamer quedaron atrás cuando nunca tuve un Nintendo 64, y mi primera y última consola fue un Super Nintendo.

No puedo considerarme gamer si no he jugado lo que todos juegan, si no puedo dar opiniones respecto de Skyrim, Elder Scrolls, o si quiera del último Mario.

El punto es que hay un juego que marcó mi adolescencia, y ese fue el Starcraft. Posteriormente, compré el Starcraft II hace como dos años cuando tuve un computador en el que jugarlo. Pero actualmente, seguido del mismo Starcraft juego dos juegos: Heroes of the Storm y Hearthstone.
El punto de todo esto es… ¿cuál es el objetivo de jugar?

Parece ser que “jugar por diversión” está lejos de la compleja cantidad de variables que explican el por qué jugar los juegos hoy en día.

Un primer factor, es el hecho de la comunidad. No estoy hablando acá de que “los niños rata hace insoportable LOL, la comunidad es insoportable”. Sino que a las comunidades de facebook de los tres juegos: SC, Heroes y HS.

Como ya he comentado en múltiples entradas, para mí facebook es un núcleo patológico subyacente. Sin embargo, creo que en cierta forma la participación en esos grupos hace más vivible la vida en facebook, ya que en vez de leer los mensajes que me causan desagrado, leo puras cosas que tienen que ver con los juegos, y puedo meterme en discusiones que finalmente no tendrán consecuencia alguna en el mundo real.

Los juegos de por si, también son para jugar con otros. Contra otros en el caso de SC y de HS, y en contacto con otros en el caso de Heroes. Entonces es diferente de los juegos que uno jugaba en Super Nintendo o en un emulador. Es muy distinto pasar 100 horas en uno de estos juegos que pasar 100 horas sacando todo de un final fantasy.

¿Cuál es la finalidad del juego entonces?
Muchas veces he escrito el problema acerca de los medios y los fines. Y en las comunidades ciertamente parece chiste cuando alguien dice que juega “para pasarlo bien”. Con todos los torneos internacionales, las ligas, los jugadores profesionales… pasarlo bien con el juego queda en segundo plano.

El starcraft lo tengo medio abandonado, y en general, es Heroes y HS lo que juego. Ambos tienen un sistema de “misiones” en que te dan una misión diaria y ganas oro con ello.

HS es un juego de cartas coleccionable (como Magic), y el oro te sirve para comprar sobres, lo que te sirve para comprar cartas, y las cartas a su vez para armar mazos.En Heroes, el oro te sirve para comprar Heroes, que tienen diferentes precios y habilidades.

Las misiones obviamente cuestan tiempo para realizarse, y he aquí la gran gracia de estos juegos, el “pay to win” (p2w) o “pagar para ganar”. Puesto que en vez de comprarlo con oro, puedes comprarlo con dinero real.

Esto pareciera tener algún grado de justicia… como conversaba con unos amigos el otro día, la lógica es que si yo no tengo tiempo para jugar y hacer oro, puedo gastar plata (la que gano trabajando y que por ello no tengo tiempo) para comprar las cosas que podría comprar con oro. Mientras que el que tiene tiempo (No trabaja así que puede jugar), puede comprar las cosas con oro.

Las misiones, en cualquier caso, no son ilimitadas. Te dan una cada día y se pueden acumular hasta tres… entonces aquí el truco: el juego te obliga a jugar diariamente, o al menos cada 3 días, porque si no lo haces estás perdiendo plata.

Y por supuesto, nadie quiere perder plata, por lo que generas una adicción en que juegas aunque no tengas ganas…

Dejemos este tema en suspenso un momento, y pensemos con respecto a los objetivos del juego. En el caso del Starcraft (que no tiene estos sistemas de pago), hay principalmente dos objetivos, uno a corto y otro a largo plazo. El objetivo a corto plazo es GANAR LA PARTIDA. Entras a una partida, tienes dos opciones… ganar o perder (existe en el empate en condiciones MUY especiales).

El objetivo a largo plazo es subir en la liga. Existen 7 ligas distintas: Bronze, Plata, Oro, Platino, Diamante, Master y Grandmaster. Uno puede obsesionarse con el asunto y estar pegado por mucho tiempo en una sola liga… En grandmaster están jugadores profesionales (sí, esos que viven de esto y son como estrellas de deportes) así que las probabilidades de llegar allí no son muy buenas.

En HS los objetivos serían nuevamente al menos 3: 1. Ganar la partida, 2. Coleccionar cartas, 3. Subir de liga. Acá son 20 rangos, y posteriormente el rango de leyenda. Hace algunos días leí un artículo en el que mostraba la cantidad de partidas que uno necesita para llegar a rango 5, y después para llegar a leyenda, dependiendo del porcentaje de victorias. Dejando en claro lo prácticamente imposible de llegar allí... (más de 110.000 juegos con un winrate de 45%, y aproximadamente 1500 con uno de 50%... y las ligas se resetean todos los meses).

Hay que pensar que el hecho de tener más cartas, implica tener mejores cartas y por ende mejores mazos, que permiten subir de rango… hay un cierto rango del que no lograrás pasar si no tienes las cartas más caras.

Por último, en el Heroes, hay varios objetivos también: 1. Ganar, 2. Poder comprar los heroes, 3. Subir de nivel y tener 10 heroes para RECIÉN entrar a Ranked (como en los otros dos juegos).

Entonces la cosa es cada vez más compleja… porque ya no juego sólo para ganar, sino que hay que cumplir toda una planificación, toda una “carrera” dentro del juego.

Hace algunos días, comentando con unos amigos, uno me dijo “pero es super fome el heroes… siempre lo mismo, no tiene ninguna curva de aprendizaje, nada”. Y lo cierto es que el comentario me llegó más de lo que habría esperado.

Quizás en cierta forma, una de las gracias es justamente que sea repetitivo… y los juegos sean más cortos que otros MOBAs (que no he jugado), lo que permite ganar y perder varias veces en un rato de juego.

Pero lo cierto es que ya no me parece tan entretenido. Pero no quiero dejar de jugar, porque no quiero perder plata… no quiero dejar de poder comprar los heroes para poder llegar a ranked.
Starcraft por su parte es un juego más complejo y más variable en ese sentido… pero en alguna parte de mi resuenan las palabras de los niños de la historia de Watzlawick que contaba en un comienzo… “¿Jugar Starcraft?... ¿Gratis?”. Starcraft no me da ninguna recompensa como los otros dos juegos, y por ende, en cierta forma mató también mi motivación por el juego.

Porque ya no juego por el placer de jugar, o por el placer de ganar. El juego dejó de ser un fin en sí mismo, se convirtió en un medio para algo más. Ahora en cierta forma, jugar Starcraft es “Perder el tiempo”.

Por otra parte, al haber una comunidad tan grande en facebook, nada de lo que logras es la gran cosa. ¿Terminaste una aventura de HS en heróico?, gran cosa, otros 500 también lo hicieron y lo postearon.

Entonces lo cierto es que me siento en una situación imposible y de la cuál no estoy totalmente seguro de cómo salir.  

martes, 31 de marzo de 2015

Yo canto para usted

Hace algunos días, muy deprimido, empecé a escribir una entrada llamada "¿Y para quién escribo yo entonces?", pensando en el tema "¿Para quién canto yo entonces?" de Sui Generis.

Planteando un tema que he escrito infinidad de veces antes... la sensación de soledad, sumado al pseudo contacto de facebook.
El último mes, o los últimos dos meses perdí absolutamente mi centro. Todo lo que había crecido después de la venida de los monjes se habia ido al carajo.
Incluso empecé a subir de peso de nuevo... cosa molesta, ya que desde Septiembre del año pasado había perdido 10 kilos... (son 6 meses, no creo que sea un "efecto rebote").
Empecé a refugiarme un poco en el alcohol... lo que no encuentro intrínsecamente malo, parece un buen refugio.

Ayer me cambié de casa, y estoy oficialmente viviendo solo...
Pagar cuentas y todas esas cosas. Lo que había sido un sueño todo el año pasado hoy es una realidad... y la verdad es que me importó bastante poco.
Una amiga empezó a darme explicaciones psicológicas al respecto e interpretaciones del tipo "lo único peor que no alcanzar tus sueños, es alcanzarlos". Y de cómo en vez de disfrutar el logro, tu atención pasa a otra cosa.
Yo también pensé en la idea del eterno oscilar entre el deseo y el hastío.

Sin embargo, lo cierto es que existen motivos por los cuales he estado deprimido, que anteceden el cambio de casa y lo trascienden.
No es que mi atención se haya ido a ese lugar ahora.

En ese escrito que no terminé, hablaba respecto de cómo ya hace más de un mes terminé con Esperanza.
Acerca de cómo le "prometí" que si nosotros terminábamos, me convertiría en un Barney Stinson.
Sin embargo, es imposible que cumpla esa promesa... ya que no hay forma de que me convierta en uno.
Puede parecer rara la promesa... "Si termino contigo, voy a tener sexo con muchas mujeres". Pero si lo miran en el fondo, significa que "si no eres tú, no será ninguna". Recordemos que el nombre de Esperanza se dió justamente bajo la idea de que ella era la última Esperanza...

El fantasma de Esperanza me persigue a ratos.
Un amigo en común me contó que ella está bien. Al parecer le hizo bien que nuestra relación terminara.
Y eso me permite centrarme en otros fantasmas que me persiguen...
Fantasmas de amores que no ocurrieron, y fantasmas de amores que nunca ocurriran.

En mi situación actual, una de las preguntas que me hago es: ¿Podría hacerme a mi mismo la promesa de no ponerme a pololear antes de 2016?
Cuando terminé la primera vez, temí que ninguna mujer se volviera a fijar en mí...
Y la segunda, y la tercera...

Pero después de haber pololeado doce veces, tengo claro que en algún momento a alguna mujer le pareceré un buen partido.
Sin embargo, lo cierto es que no quiero forzarme a hacerlo...

Creo que todavía no había empezado a pololear con Esperanza cuando le dije "Cuando llevemos 10 años pololeando, yo voy a estar aquí y me voy a acordar de esta frase".
Y esa promesa me persiguió bastante, de hecho, el día que terminamos tuve que mencionarla. Porque me sentía traicionándola tan fuertemente...
Y cuando me enamoro no puedo evitar prometer el mundo entero. Y no quiero seguir haciendo promesas que no puedo cumplir.

Y el espacio que habito tiene mucho que ver con todo esto.
Porque lo cierto es que mientras ordenaba esta casa (Con mucha ayuda por la que estoy muy agradecido) donde me venía a vivir, que era una torre de basura, la pregunta que me hacía era por la mujer que finalmente va a acompañarme en este espacio.
Quizás a mi no me importaría tanto vivir en el desorden, como a mi familia parece no importarle vivir entre la basura, de no ser por el hecho de que pudiera molestarle a un potencial amor de mi vida.

Veamoslo así. En mi relación con Esperanza me volví un huevón super activo en arreglar cosas.
En general yo soy un hombre de encontrar las mejores vías para solucionar problemas, pero en general esto siempre refería a cosas teóricas o administrativas. Nunca a cosas físicas, eléctricas o hidráulicas.
Sin embargo, como el papá de Esperanza era ese constructor de Homecenter, yo intenté desarrollar ese mismo lado en mi.
Lo cual fue bastante efectivo.

Pero no fue por mí, fue por amor.
Fue por llegar a ser el hombre que ella necesitaba que yo fuera.

Un amigo me decía que eso está super mal, que no puede ser, que bla bla bla.
Difiero de la carga moral que él le pone a esto. De que está "mal" porque no te respetas a ti mismo, o a tu esencia, o lo que sea.
Porque creo en la posición construccionista o de la teoría de la atribución que dice que nuestro "self" no es intrínseco, está dado por nuestras relaciones. Entonces no es que "yo me pongo una máscara para ser alguien que no soy", ese otro que estoy siendo SOY yo.

Pero bueno, lo cierto es que en la relación también tuve mis límites de lo que estaba dispuesto a transar y a lo que no... la relación terminó a final de cuentas.
Y es evidente que ninguna pareja tampoco querrá que cambies hasta ser algo que no eres.

Pero el punto es que la canción "¿Y para quién canto yo entonces?", en sus últimos versos dice:

Yo canto para Usted
El que atrasa los relojes
El que ya jamás podrá cambiar
Y no se dio cuenta nunca que su casa se derrumba. 

Tengo entendido que esto refiere al padre de Charly Garcia.
Y que la letra original decía algo así como "y no se dio cuenta nunca que su hijo lo odia".

Pero (y es una relación que estoy haciendo ahora mientras escribo)...
Aparece la casa, que se derrumba. Mientras yo estoy construyendo este espacio para habitar.
El que jamás podrá cambiar, mientras que yo intento cambiar para esa persona.
El que atrasa los relojes, cuando voy casi llegando a los 30 años...

Yo canto para ella... para mi mujer idealizada.

Cuando alguien me dice "es que tienes que hacer las cosas para ti", lo encuentro un sinsentido.
Si se me perdona la analogía, es como que me dijeran "es que tienes que masturbarte pensando en ti".

Claramente masturbarse es una actividad personal, y que se hace por el placer personal... pero uno no lo hace pensando en uno... uno necesita estar pensando en alguien más para que ocurra.
Aunque ese alguien más sea alguien que nunca existió ni existirá.

Siento que no quiero volver a comprometerme en una relación... pero no por "el miedo a enamorarme y volver a sufrir". Sino que no quiero hacer sufrir a otra persona. No quiero seguir decepcionando a quien quiero...

El otro día vi la siguiente tira:




Y el mensaje "Me asusta defraudar a las personas" es super fuerte. Tengo miedo de decepcionar a la persona que amo.
Y así es como muchos me han dicho a propósito de la ruptura, y de mi preocupación de que ella estuviera bien "hazte cargo de tu sufrimiento, que ella se haga cargo de su propio duelo".

Sin embargo, yo prometo hacerme cargo de la salud emocional de la persona que amo... y me siento mal de no poder cumplir esa promesa. Siendo que muchas veces no está en mis manos, y que ella u otras personas tienen que hacerse cargo del asunto.

No quiero prometer a alguien más de lo que puedo cumplir.
Pero pareciera que no puedo relacionarme de otra forma con mi mujer ideal.
Puesto que es justamente en esa promesa que me acerco a ser el hombre que ella necesita que sea.

Y vuelvo a pensar entonces, para quién es que he arreglado la casa.
Hace algunos días pensaba que si me puedo conseguir cosas de segunda mano, no tengo ningún problema con ellas... mientras funcionen yo las agradezco.
Pero a muchas de mis parejas no les ha dado lo mismo, entonces he tenido un cierto status que mantener.

No es para mí, ni para mi gato. Es para mantener "Cuán ideal puedo ser para la mujer que amo".
Quizás el problema realmente no está en mí, sino simplemente que hasta el momento no he tenido a una mujer con la cual mi visión acerca de las pertenencias y del espacio sea compartida.

Creo que hay mucho más que podría decir, pero parece ser que he escrito suficiente por hoy.



miércoles, 11 de febrero de 2015

Adiós, Psicoanálisis

Seré breve.
O intentaré serlo.

Como bien dije hace dos entradas, llegó el momento de reconciliarse incluso con el psicoanálisis.
Y en la entrada anterior, ocupé la toma de posición de un psicoanalista con respecto de una teoría de la práctica, para hablar de mi propia experiencia con la transformación que estoy viviendo.

Sin embargo, para disgusto de mis detractores (si es que los hubiere, cosa que dudo), finalmente no me convertiré en un psicoanalista.
Esto debido que desde hace dos o tres días he estado leyendo una cantidad ingente de artículos psicoanalíticos, con la finalidad de aclarar un par de ideas.
Por lo que han pasado por lo menos 500 páginas de psicoanálisis frente a mis ojos, y por lo mismo creo que merece una entrada por lo menos para quedarme con alguna idea de todo lo que leí.

En el tiempo, ya he escrito al menos dos entradas respecto de Lacan.
Y la verdad es que releyendolas me dan un poco de vergüenza... la claridad conceptual se pierde rápidamente y empieza a haber mucho más contenido a entender en el contexto de la vivencia de ese momento, más que de lo que estoy escribiendo.

Pero bueno, partiré diciendo que he estado equivocado todo el tiempo.
Por una diferencia estúpida, y que me llama la atención que nunca había puntuado: la diferencia entre psicoanálisis y terapia psicoanalítica.
Probablemente para un 99% de los psicólogos, la diferencia es evidente...

Cuando entré al magister, uno de mis intereses era poder encontrar una forma de terapia que fuera 100% sistémica, que no considerara elementos psicoanalíticos.
Pero recién ahora me entre a dar cuenta de que todo lo que hago está LEJOS de ser psicoanalítico.

A ver, pero aclaremos. Este tema en general me genera preocupación debido a la pregunta por el "fin de la terapia". Sin embargo, y quizás uno de los elementos que me ordena es el hecho que el fin de la terapia psicoanalítica es distinto del fin del psicoanálisis.

Al leer acerca de terapia psicoanalítica, me encuentro con que ciertos principios del psicoanálisis no le aplican. ¿Por ejemplo?, la neutralidad. En uno de los libros que leía sobre terapia psicoanalítica, aparece explícitamente como el ideal del psicoanálisis es la escucha de la asociación libre, como regla de oro. Sin embargo, en la terapia con orientación analítica, la asociación libre puede funcionar justamente como excusa para hablar de cualquier cosa y perder el foco de la intervención.
En ese sentido, el mismo terapeuta no puede ser totalmente neutral, tiene necesidad de guiar la terapia...

Este tema de la neutralidad, la influencia y la sugestión es algo que me ha perseguido eternamente, y he intentado solucionarlo desde los planteamientos de Jay Haley... sin llegar finalmente a respuesta.
Pero me encuentro hoy con que mi preocupación por la neutralidad no tiene sentido, ya que incluso los psicoanalistas no se ocupan de ella... (siempre y cuando sea una terapia con orientación analítica y no un psicoanálisis).

Hasta aquí, pareciera que estoy dando argumentos de por qué la psicoterapia se asimila al psicoanálisis, lo que es directamente contrario a lo que quiero desarrollar. Y para ello, voy a ocupar la figura de... Lacan.

No quiero, no quiero, y NO QUIERO entrar a hablar tecnicismos acerca de la teoría de Lacan. Sin embargo, creo que la intención de Lacan es francamente valorable.

Por contraposición a Lacan, para mí una imagen querible dentro del psicoanálisis es la de Winnicott. Sin embargo, al empezar a leer a los autores relacionados a este último, realmente lo que se lee es IMPRESENTABLE.
No sólo está la permanente cita a Freud, sino que una cantidad impresentable de castillos en el aire, basados en supuestos sobre otros supuestos, sobre otros supuestos... todo un edificio teórico sin ninguna base en la realidad. Especulaciones sobre especulaciones... y mientras el paciente dice "Estoy triste", el psicoanalista vive en mundos de fantasía que nada tienen que ver con lo que el paciente comenta...

Por lo mismo, el intento de Lacan por darle un poco de sentido a su disciplina es, por lo menos, respetable.

Entonces, la imagen de Lacan si me sirve para explicar el análisis. Con algunos principios como los he estado entendiendo del libro "A Clinical introduction to Lacanian Psychoanalysis" de Bruce Fink.

Según él, el paciente no llega a análisis porque quiera cambiar o quiera saber de sí mismo, sino muy por el contrario, porque NO quiere cambiar, y NO quiere saber.
En esto cobra importancia el concepto de "Goce". Basado en otro libro (de Braunstein) dije en una entrada de hace 3 años que el goce era imposible de definir. Por Fink da una simple e interesante definición: "El goce es el placer que se obtiene de la insatisfacción". Si bien MUCHO más se puede decir del goce, y la relación con la idea de pulsión de muerte y un LARGO etc, me parece una definición aproximada bastante buena.

Entonces, la persona llegaría al análisis porque su goce se ha visto cuestionado. Y ante esto, el analista lo engaña, porque sustituye ese placer con una neurosis de transferencia... Es decir, la relación analizando-analista se convierte en la "enfermedad", y así puede ser tratada (esto último no es nuevo, estaba en Freud).

Ahora bien, MUY resumidamente y prematuramente, diría que en el fondo, la finalidad del análisis es posicionar al analizando con respecto de su Deseo, y alejarse del deseo del Otro. En general, desde la postura de Lacan todo atraviesa la relación entre Goce y Deseo.

¿Y cómo?, bueno, aquí es donde se pone interesante.
La diferencia entre registros simbólico, imaginario y real es para ser discutida largamente, y no quiero hacerlo aquí. Pero el punto es que el psicoanalista usará como herramieta la "Atención parejamente flotante", termino también de Freud, y que genialmente también Fink da una definición clara donde otros la evitan: "La atención parejamente flotante es escuchar sin entender".

Pareciera que esta definición es una ironía, pero no lo es. Realmente lo que se intenta es escuchar, muy atentamente, sin intenter entender. ¿Por qué?, porque para Lacan el lenguaje pre-existe al sujeto, y este se ve atravesado por el lenguaje. Tanto en su parte consciente como inconsciente.
Porque el lenguaje es una estructura que tiene sus propias relaciones internas, entre significantes...

Por otra parte, los significados serían imaginarios, serían parte del yo. Recordemos que el interés de Lacan es recuperar el inconsciente que Freud proponía antes de que se dirigiera (así como sus seguidores) a centrarse en la psicología del yo.
Es por esto que el inconsciente tiene mayor importancia que el yo.
Y los significados tienen poca importancia, los sentidos personales tienen poca importancia. Lo importante es como somos hablados por un lenguaje Otro del inconsciente.

Entonces, la unión entre ciertas palabras que se repiten tienen mucha más importancia para el analista de lo que tiene lo que sienta o piense el analizando.

Y esto es todo lo que diré de Lacan.
Pero la pregunta es entonces: ¿Tiene esto algo de ver con lo que busco yo hacer en terapia?
Y la respuesta es: PARA NADA.

En mi tesis de Magister entregué un capítulo completo a explicitar acerca del significado/sentido en terapia. Y a través del tiempo, he hablado acerca del sin-sentido. Sin embargo, todo esto tiene poca y ninguna importancia para el psicoanálisis, ya que sería juzgado de funcionar "solamente en el registro imaginario", y por ende no tener verdadera importancia.

Por otro lado, el setting para la terapia convierte el psicoanálisis en algo absolutamente distinto de lo que realizo. En los mismos libros de terapia psicoanalítica focal hablaba de tener "2 sesiones a la semana"... cosa ya lejana a mi realidad como terapeuta.

El psicoanálisis se basa en el trabajo sobre la transferencia, que el analizando pueda proyectar los contenidos afectivos de sus imagenes parentales (en el psicoanálisis pre-lacaniano) y que pueda poner en la posición de sujeto supuesto saber, o de objeto a, o de gran Otro, o de lo que sea que se suponga que tenga que poner al analista (en el caso lacaniano).
Pero lo cierto es que si se visita al analista 4 días a la semana (por lo menos) y se está una hora hablando acostado sin mirarle la cara al analista, eso va a generar un efecto especial de sumisión frente a ese otro... algo ABSOLUTAMENTE distinto a sentarse a conversar una hora, una vez a la semana, cara a cara con un terapeuta.

¿Y cuál es la importancia que tiene esto?
Que cuando entré al magister me hice la pregunta acerca de si podría hacer una terapia que no estuviera basada en la transferencia.
Y una vez más la pregunta ya estaba resuelta, por algo que probablemente un psicoanalista estaría de acuerdo conmigo: NINGUNA DE LAS TERAPIAS QUE HE REALIZADO HAN ESTADO BASADAS EN LA TRANSFERENCIA.

Así que... por ende... para ser psicoanálisis:
1. Tiene que estar acorde a Freud (difiero en muchas cosas).
2. El tratamiento debe estar enfocado en algo más allá del significado (yo me centro en el significado).
3. Tiene que creer en ciertas estructuras inconscientes, ya sea de la psicología del yo, de las relaciones objetales, o de la visión estructural de inconsciente como lenguaje (lo cuál me parecen constructos teóricos interesantes, pero sin correlaciones en la realidad).
4. El tratamiento debe estar centrado en la transferencia (de algo), cosa posible por el setting de la terapia. Al ser tan distinto el setting, es también totalmente diferente la terapia.

Por ende, mi interés por diferenciarme del psicoanálisis a través del tiempo ha sido un despropósito. EL psicoanálisis ya se diferencia lo bastante de mí.
¿Y qué pasa con la terapia psicoanalítica? técnicamente lo mismo. Se espera que quien ejerza este tipo de terapia haya pasado por un psicoanálisis, y que tenga el conocimiento de esta disciplina.

En uno de los manuales que leí, aparecían factores que se ocupaban en las terapias, diferenciando "terapias de apoyo" de "terapias psicoanalíticas". Poniendo la "interpretación" como algo exclusivo de estas últimas (entiendo como interpretación no en su sentido netamente hermenéutico, sino interpretación en su sentido psicoanalítico, es decir de la transferencia y/o de las relaciones con el inconsciente).

Y lamento decir que las "terapias de apoyo", que deberian aparecer como algo superficial o indeseable, me parecen mucho más interesantes de abordar para ayudar a los consultantes.
En una postura super personal, tener a alguien en un diván todos los días de la semana por varios años, con la esperanza de revelar algo de la posición subjetiva con respecto al propio deseo y goce, con un coste temporal y económico altísimo; me parece bastante menos sincero que recibir a alguien y preguntarle "en qué puedo ayudarte".

Tiene menos supuestos. Y se centra en la cesación del sufrimiento.
Que quizás muchos psicoanalistas pueden juzgar de "imaginario" o "yóico" y que no se centra en lo que "realmente importa".

Pero está bien. Por lo mismo no soy psicoanalista.
Una última cosa. Ahora cuando escribí lo del diván, recordé a Coloma diciendo justamente "Una alumna una vez llegó diciéndome que no le gustaba el psicoanálisis por eso de pasar años en el diván, y era una ex alumna... siendo que yo había dicho explícitamente que lo psicoanalítico no tiene que ver con eso, sino con una escucha especial al discurso del inconsciente".

En cualquier caso. Definitivamente NO es a lo que me dedico.
No sé si podré llegar a hacer la misma reflexión con lo humanista y con lo cognitivo, con quienes quizás si tengo un mayor parentesco en mi forma de hacer terapia. Quizás sí, quizás no. Sólo el tiempo dirá.

No fui breve.
Lo siento, de veras.